Abrir otra puerta por Lucía
Al principio fue algo pequeño. Un poco de maquillaje frente al espejo, casi como un experimento silencioso. Después llegó la ropa, las primeras prendas elegidas con nervios y emoción. Más tarde, las salidas breves, discretas, caminando rápido y mirando alrededor, como si el mundo pudiera descubrir un secreto que llevaba demasiado tiempo guardado.
Pero Buenos Aires tiene algo especial. Es una ciudad intensa, contradictoria y profundamente humana. Hay miradas, sí, pero también existe una libertad implícita, una especie de acuerdo invisible donde cada persona parece estar demasiado ocupada cargando con su propia historia como para juzgar la ajena. Y en medio de esa inmensidad, Lucía empezó a respirar.
Con el tiempo dejé de sentir que estaba interpretando un personaje. Lucía no era un disfraz ni un juego pasajero. Era una parte emocional de mí que llevaba años esperando espacio para existir. Me enseñó a moverme distinto, a cuidar detalles que antes ignoraba, a escucharme con más honestidad. Me conectó con una sensibilidad que siempre había estado ahí, aunque escondida bajo capas de miedo, rutina y expectativas.
También entendí algo importante: no tenía que elegir entre una vida y otra. Durante mucho tiempo pensé que debía encajar en una sola versión de mí misma, como si todo tuviera que definirse de manera absoluta. Pero no es así. Puedo vivir mi vida cotidiana y, al mismo tiempo, permitir que Lucía exista cuando lo necesito. No se excluyen. Se complementan. Son partes distintas de una misma historia.
Y aunque todavía nunca he ido a Dafni Girls, de alguna manera también se ha convertido en una ilusión muy importante dentro de este camino. Hace un tiempo me animé a escribirles por primera vez y recuerdo perfectamente la emoción que sentí al enviar ese mensaje. Fue como abrir otra puerta que llevaba demasiado tiempo mirando desde lejos. Desde entonces pienso muchísimo en octubre, porque tengo planeado viajar y por fin conocer el espacio en persona. La idea me emociona de una forma difícil de explicar. Siento nervios, ilusión y también una enorme curiosidad por vivir esa experiencia que durante tanto tiempo imaginé desde la distancia.
A veces me descubro pensando en cómo será entrar allí por primera vez, hablar con ustedes, sentirme comprendida sin tener que explicar demasiado. Creo que parte del cambio también consiste en eso: dejar de esconder las emociones y empezar a permitirse vivirlas con naturalidad.
Hoy Lucía no me define por completo, pero tampoco se esconde. Buenos Aires fue el escenario donde todo empezó a tomar forma, pero el verdadero cambio ocurrió dentro de mí. Y quizás octubre sea simplemente el próximo capítulo de esa historia.



Comentarios
Publicar un comentario