Las eternas dudas, por Valeria
Crecí en Perú, en una familia tradicional, donde nunca se hablaba de estas cosas. Valeria apareció muy temprano en mi vida, aunque entonces todavía no tenía nombre. Era una sensación difícil de explicar, una atracción profunda por lo femenino, por los gestos suaves, por la delicadeza, por la ropa que sentía que no me estaba “permitida”.
Durante mucho tiempo, Valeria solo podía vivir de noche. Esperaba a que toda la casa durmiera para poder existir durante unos minutos. Una falda escondida, una blusa doblada con cuidado, algún complemento guardado en un lugar secreto y un espejo que me devolvía una imagen capaz de regalarme paz y culpa al mismo tiempo. Aquellos pequeños momentos eran mi refugio, pero también estaban llenos de miedo.
En Perú aprendí muy pronto que sentir no siempre es seguro y que, muchas veces, mostrarse tal como una es puede tener consecuencias. Durante muchos años pensé que estaba completamente sola. Creía que Valeria no tenía un lugar en este país ni en el mundo que me rodeaba. Pensaba que nadie podría comprender lo que sentía y que mi única opción era mantenerla escondida para siempre. Pero, con el paso del tiempo y gracias a internet, descubrí otras historias, otras personas como yo, viviendo procesos parecidos: intentando comprenderse, buscando pequeños espacios de libertad y luchando para no desaparecer bajo las expectativas de los demás.
Así fue también como conocí a Dafni Girls. Hasta ahora solo he podido acercarme a ellas de manera online, siguiendo su trabajo, sus transformaciones y las historias de tantas chicas que han encontrado allí un espacio seguro para ser ellas mismas. Verlas me hizo comprender que existe un lugar donde Valeria podría salir a la luz sin miedo, acompañada, cuidada y celebrada. Aunque nos separen miles de kilómetros, conocerlas desde la distancia me ha dado esperanza y me ha ayudado a imaginar una versión de mí mucho más libre.
Aceptar a Valeria ha sido un proceso largo, lleno de dudas, pequeños avances y algunos retrocesos. El miedo al rechazo continúa ahí, porque no desaparece de un día para otro, pero la vergüenza ya no dirige mi vida. Valeria me enseñó sensibilidad, paciencia, valentía y una fuerza interior que nunca imaginé que tenía.
Hoy sigo viviendo con cautela, pero ya no desde la negación. He aprendido que Valeria no es un personaje ni una parte de mí que deba esconder o corregir. Es una expresión sincera de todo aquello que durante años no pude decir con palabras. Cada vez que le permito existir, aunque sea en la intimidad, siento que recupero una parte de mi vida.
Mi gran sueño es viajar algún día a Madrid y conocer Dafni, a las angels y a las chicas en persona. Sueño con entrar en su estudio, sentirme segura, dejarme acompañar y vivir plenamente esa transformación que tantas veces he imaginado desde Perú. Me gustaría mirarme al espejo sin prisas, sin miedo y sin tener que esconderme después. Poder ver a Valeria completa, caminar por la calle como ella y guardar ese momento como el comienzo de una nueva etapa.
Mientras llega ese día, continúo avanzando poco a poco. Porque, en Perú, ser Valeria sigue siendo un acto íntimo de resistencia, valentía y amor propio. Y ahora sé que, aunque todavía tenga que vivir muchas cosas en silencio, ya no estoy sola.



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