miércoles, 30 de noviembre de 2016

ME TRANSFORMÉ EN UNA MUJER

LA TARDE EN QUE DAFNI ME TRANSFORMÓ EN MUJER...

Cuando conocí a Dafni yo era ‘virgen’.
Jamás me había vestido de Mujer. Por lo menos, íntegramente. Desde hacía tiempo me atraía el mundo crossdresser, pero no había pasado más allá de ponerme la lencería sensual y sofisticada de mi mujer cuando ella no se encontraba en casa. Era un acto de provocación íntimo y solitario. Nada más. Alguna vez llegué incluso a ponerme en su ausencia un par de tacones y peinarme mi tupé con sus cepillos y peines, pero hasta ahí. No eran más que pequeños jugueteos de principiante. 



Esa tarde, la tarde en que conocí a Dafni, mi percepción de lo femenino iba a cambiar radicalmente.

Aquella tarde yo era completamente nueva y a estrenar. Pero algo en mi interior (quizá la complicada situación personal que atravesaba por esas fechas) me hizo acudir a su estudio. Buscaba algo nuevo y excitante… rompedor. Deseaba, al menos por unas horas, dejar de ser Juan para convertirme en… Verónica.

Soy padre de familia y practico y siento el sexo desde la heterosexualidad. Por ejemplo, el mundo ‘trans’, el cambio de roles e identidades, siempre me ha interesado. ¿Por qué todo tiene que ser tan cuadriculado y estar tan etiquetado y encorsetado en esta sociedad, que supuestamente es tan avanzada y tan libre?

Aquella tarde, quería jugar y sentirme ‘Ella’, dejando a ‘Él’ a un lado. 



Cuando días antes del encuentro estos pensamientos y reflexiones ocuparon mi cabeza, tomé la decisión y me puse a buscar información, tuve la inmensa suerte de hallar a Dafni navegando por Internet. Desde el minuto cero, y más aún a medida que íbamos intercambiando mensajes electrónicos para concertar la tan deseada cita, me cautivó su generosidad, su sensibilidad y su glamour. Por este orden. Tan sólo con leer sus palabras ya empezaba a sentirme ‘Verónica’. Con su modo de tratarme en sus mensajes y con el contenido de sus textos adivinaba el mundo femenino que se hallaba en mi interior y que ya comenzaba a brotar bajo mi piel macha y curtida. 

De Dafni me atrapó su respeto, su sensibilidad extrema y delicada, pero, sobre todo, su energía vital y su permanente sentido positivo. Ella se presentaba ante mí como una "hada madrina" para hacer posible mis sueños de feminidad. Sin prejuicios, sin dudas, sin preguntas…



Mi primera tarde en la piel de Verónica, hacía mucho calor. Ya era otoño, pero el sol se empleaba a fondo desde el cielo. En el transcurso del camino hacia el estudio comencé a sudar. Me pesaba el traje de oficinista y la corbata me apretaba intensamente el cuello. Evidentemente, el sudor también era una de las causas del estado de sobrexcitación en el cual me hallaba. Cuando llegué estaba completamente empapado y la gomina se había evaporado de mi cabello.

Sin embargo, nada más atravesar el umbral de la puerta del estudio me relajé completamente. Pasé de cien a cero en pocos segundos y, entonces, reuní todas mis energías para disfrutar de la sesión reservada y personal. A mi nuevo y placentero estado contribuyó lo agradable del sitio y la completa amabilidad de Dafni. Será un tópico, pero parecía que la conocía de toda la vida. Ver todo perfectamente preparado para una sesión integral de feminización me hizo olvidarme de todo y empezar a sentirme ‘otra’. 

El tocador, el maquillaje, las pelucas, el vestidor, las luces, los tacones… todo el universo femenino estaba allí, en aquel estudio. Y todo estaba preparado para mí, para transformarme en la Mujer más Bella y sofisticada del planeta…



El proceso de transformación fue delicado, exquisito, lento, amable, excitante… Vivir la experiencia delante de un espejo de cambiar de sexo ha sido de las cosas más intensas que he hecho en mi vida. Y no lo digo tanto por la cuestión física, por lo que se refiere al eventual cambio de sexo, sino por la cuestión psicológica: Dejé de ser yo, para ser otra persona. 

Ahora sería la persona que yo quería ser realmente. Sin complejos, sin ataduras, sin corsés. Ahora era el ‘Ser’ con el nombre que quería, con el pelo que quería, con la actitud que quería, tal y como yo me quise dibujar. Yo fui, entonces, Otro. Más aún: Otra. La Hembra absoluta y definitiva.


Entre los relámpagos de la interesante conversación con Dafni, viví mi transformación a Verónica como un juego de espejos, algo así como una figura del Siglo XXI. Me deje hacer, me dejé llevar, pero sabía perfectamente a dónde quería llegar: La transformación. La Catarsis.
Permitidme en este punto una pequeña reflexión:

"En la Antigua Grecia, durante las representaciones de Teatro clásico, el público experimentaba lo que se vino en denominar ‘Catarsis’. Los espectadores entraban de una manera y, tras ver la obra, salían de otra.  Eran Hombres y Mujeres Nuevos. Lo que allí había sucedido les había cambiado."




Digo esto porque lo que yo viví durante la visita a Dafni fue una auténtico proceso catártico  que me funcionó como un revulsivo personal. Ya he comentado que en aquel momento atravesaba un momento complicado y aquella experiencia supuso un buen empujón para superarlo y ganar en confianza y autoestima. “Puedo hacer lo que me proponga”, pensé entonces al verme Verónica.

Y puntualizo de nuevo mi condición de heterosexual sociológico porque durante la sesión comprobé una evidente paradoja. Me explico. A medida que me hacía más Mujer, más femenina; en mi interior me sentía más Hombre. Más macho.

Quería ser una Mujer seductora, castigadora, y con la energía femenina suficiente como para poner a cualquier hombre a mis pies. Estaba y me encontraba realmente guapa, potente y seductora.

Justo en ese momento, cuando terminó por completo la metamorfosis, le pedí a Dafni que me dejara un rato a solas delante del espejo de cuerpo entero y guardara silencio. Quería encontrarme con Verónica… a solas.
Y así, sola, delante del espejo, completamente transformada, enteramente ‘Ella’, caí preso, si quiera por unos instantes, de una ensoñación, de una onírica, brillante y perfumada visión. Yo encarnaba la mezcla exacta entre los dos sexos. La Hembra Perfecta. El Hombre Perfecto. El Ser Ambiguo Perfecto.

Pasaron unos minutos, no muchos, y, finalmente, en medio de una intensísima excitación física, di con la solución a mis pensamientos: De una forma instintiva, me había convertido en la Mujer que me atrae en la ‘vida real’. Verónica era la Mujer de mis sueños, la Mujer que me encantaría conquistar. Provocadora, sofisticada, desinhibida… 



Hasta aquí mi experiencia en el estudio.
Me quité los tacones, las medias, la ajustadísima ropa interior (me empezaban a doler los genitales), el corset… y me desprendí de las pulseras, pendientes y la peluca de corte bob con mechas y flequillo que tan seductora me hacía.

Me volví a meter en mi traje de oficinista del Corte Inglés y me puse la corbata de raya diplomática. Volví a peinarme el tupé.

Verónica había desaparecido en menos de diez minutos. 
Verónica era ahora, de nuevo, Juan Antonio, el viril y perfecto padre de familia.



Nos despedimos con dos sonoros besos en la puerta y bajé a la calle, a encontrarme de nuevo con el mundo real.
Tras la experiencia de transformación que he descrito, me sentía más pleno, más Yo. Además de haber pasado una tarde relajado, alejado de mis problemas e inquietudes; además de haber vivido una experiencia divertida y nueva
ahora me sentía más LIBRE.



(Imágenes de mariabahe.com, mirategaleria.com, dafnigirls.com, pinterest.com, historiasenmis30.blogspot.com, fotocommunity.es).


1 comentario:

  1. Me ha encantado tu relato de la sesión. Me alegro muchisimo por ti y ya sabes... cuando necesites desconectar haz que aparezca Verónica.

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