El despertar de Renata
Durante mucho tiempo soñé con vivir la experiencia en Dafni Girls. Sin embargo, al ser de México, parecía algo completamente inalcanzable, casi imposible de imaginar.
Pero, de alguna manera, el destino me escuchó. El 2023 me llevó a Madrid. Muchos pensarían que, en ese viaje, mi enfoque serían las atracciones turísticas —y sí, Madrid es una ciudad hermosa, una ciudad perfecta—, pero no fue así. Desde el momento en que aterricé, lo tenía claro: quería ir a Dafni y vivir ese sueño que durante tanto tiempo había guardado dentro de mí.
Recuerdo escribir por WhatsApp con mucha vergüenza. Pero desde el primer momento, la atención fue tan cálida y cercana que esa vergüenza se transformó en ilusión. Ya no quería esconderme; solo deseaba que llegara el día en el que no me transformaría… sino que simplemente me permitiría ser, sentirme y habitarme.
Y ese día llegó.
Recuerdo mi recorrido por las calles de Madrid, nerviosa pero profundamente emocionada. Al llegar y escuchar: “Bienvenida, Renata”, algo dentro de mí cambió. Me sentí en confianza. Me sentí segura. Y, sin miedo, decidí aventurarme a vivir mi sueño.
El primer paso fue quitarme el disfraz de hombre. Después, ponerme una tanga negra, un sujetador con pechos, una bata y unas sandalias. Me guiaron hacia una silla que, en cuanto me senté, dejó de ser una simple silla… en mi mente se convirtió en el trono de una reina. Mi trono.
Ahí comenzó la magia.
Empezamos con mis uñas. Las brochas no solo tocaban mi piel, la despertaban. Las esponjas no solo difuminaban, suavizaban cada duda. Las sombras encendían mi mirada como si siempre hubieran estado destinadas a estar ahí. El delineador dibujaba con precisión una versión de mí que llevaba años esperando salir. Y el labial… lo sellaba todo, como una declaración imposible de ignorar.
Pedí que taparan el espejo. Quería que la revelación de Renata fuera una sorpresa.
Y cuando por fin lo descubrieron… fue simplemente maravilloso.
Ahí estaba.
Mi sueño frente a mí.
Renata era real.
Después llegó uno de los momentos más especiales: la elección del vestuario.
Entré en un vestidor lleno de tacones, faldas, vestidos y un sinfín de accesorios que parecían susurrarme “pruébame”. Cada pieza representaba una posibilidad distinta. No era solo un espacio… era un lugar donde podía imaginarme, elegirme y construir, poco a poco, la versión de mí que tanto anhelaba ver.
Comenzamos con la prueba de outfits.
Un vestido elegante, acompañado de unos tacones preciosos y unas medias negras que aportaban carácter al conjunto. Luego, una falda roja, corta, sensual, pero sobre todo… muy yo, combinada con una blusa preciosa. Y, por último, un vestido rosa de fiesta que, a diferencia de los anteriores, conectaba con una parte más dulce y delicada de mí.
En todo ese proceso —aprender a posar, a caminar en tacones, a cuidar los gestos y los modales— todo se sentía natural. Nada era forzado. En el fondo, sabía que todo eso ya vivía dentro de mí; solo necesitaba espacio, permiso y acompañamiento para salir.
Al terminar la experiencia, muchos podrían pensar que llega el momento de despedirse, de cerrar ese capítulo y volver a lo de antes.
Pero para mí no fue así.
No hubo tristeza. No hubo un adiós.
Fue un despertar.
Porque entendí algo muy profundo: no me transformé en alguien distinto. No me convertí en algo ajeno a mí. Lo único que hice fue darme permiso para expresarme, para verme y para vivirme tal y como soy. Sin filtros. Sin miedo. Y eso… no se deja atrás.
Eso se queda contigo. Te acompaña. Te abraza. Y te recuerda, cada día, quién eres en realidad.
Gracias, Dafni, y gracias a cada uno de vuestros ángeles por regalarme una experiencia tan profunda.
También quiero agradecer a personas muy importantes en mi vida, que me acompañan desde México: a Monhye, quien en su boutique siempre logra hacerme sentir como una reina; y a Lupita, Tía Mar, Mau, Marco, Fer y Caye, quienes han sido un pilar fundamental para Renata, sosteniéndola, acompañándola y manteniéndola viva desde el amor.
Os llevo conmigo. Siempre.
Besitos, Renata 💕



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