¿Cómo saber si estás haciendo lo correcto? Por Carol

Os diría mi nombre masculino pero en algunas noches de Madrid eso deja de importar.

Durante el día llevo una vida bastante normal. Trabajo, compro, respondo mensajes, cumplo con todo lo que se espera de mí. Pero cuando llega la noche y la ciudad empieza a encenderse, algo cambia dentro de mí. Es como si pudiera respirar de otra manera. Vivo cerca de Lavapiés, un barrio donde siempre pasa algo, donde nadie parece mirar demasiado a nadie. Eso ayuda.

La primera vez que salí como “Carol” lo hice con miedo. Mucho miedo. Me miraba en el espejo antes de cerrar la puerta y pensaba que en cuanto bajara a la calle todo el mundo lo notaría. Que se me iba a ver en la forma de andar, en la cara, en la inseguridad.

Pero no pasó nada.

Caminé por calles iluminadas, escuchando mis propios pasos, sintiendo el corazón demasiado rápido. Pasé por terrazas llenas, por gente riendo, por coches que no se detenían a mirarme. Y entonces entendí algo que no esperaba: Madrid no estaba pendiente de mí. En Gran Vía me senté en un banco como si fuera la cosa más normal del mundo. Vi las luces, los anuncios, la gente cruzando sin parar. Por primera vez no sentí que estaba escondiéndome, sentí que estaba participando.

No siempre es fácil. Hay días en los que vuelvo a dudar, en los que me pregunto si estoy haciendo lo correcto o si simplemente estoy buscando algo que no sé nombrar. Pero luego recuerdo esa primera noche, ese aire frío, esa mezcla de terror y libertad. Con el tiempo empecé a sentir curiosidad por explorar más esa parte de mí. 

Una tarde descubrí Dafni Girls y decidí visitar el estudio. Entré con los nervios de quien está a punto de hacer algo importante, sin saber exactamente qué esperaba encontrar. Pero desde el primer momento me sentí cómodo. No había juicios ni preguntas incómodas, solo un espacio donde podía expresarme con tranquilidad y ser yo misma.

Aquella visita marcó un antes y un después. Verme reflejada de una forma que hasta entonces solo había imaginado me ayudó a entender mejor lo que sentía. No resolvió todas mis dudas, pero me dio confianza para seguir explorando mi identidad a mi propio ritmo. 

Ahora salgo más a menudo. A veces solo doy una vuelta corta. Otras veces me pierdo por calles de Malasaña, entrando en bares pequeños donde la música está alta y nadie pregunta demasiado.

No tengo una respuesta perfecta sobre quién soy. Pero he dejado de necesitarla con urgencia. Porque cuando camino por Madrid de noche, siendo yo, aunque sea solo una parte de mí… siento que por fin estoy en el lugar correcto.



Comentarios

Entradas populares