Pensé que tenía que esconderlo. Lucía.
Me llamo Lucía y vivo en Valencia. Supongo que nunca había hablado de esto de una manera tan abierta hasta ahora pero me propusieron escribir una parte de mi historia y aquí estoy.
Empecé a vestirme con ropa de mujer bastante joven. Al principio no sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo. Simplemente había prendas que me llamaban la atención y que quería probar. Recuerdo perfectamente la primera vez que me puse una falda estando sola en casa. Me miré al espejo y me gustó cómo me veía. Y al mismo tiempo me entró una sensación de miedo bastante absurda, como si estuviera haciendo algo malo.
Durante años fue así.
Solo lo hacía cuando sabía que nadie iba a venir a casa. Tenía algunas prendas guardadas en una caja al fondo del armario y, cuando podía estar sola, me las ponía. A veces incluso me maquillaba un poco.
Y después, cuando terminaba, lo guardaba todo otra vez.
Creo que lo peor no era el crossdressing en sí. Lo peor era todo lo que yo me montaba en la cabeza.
Pensaba: “¿Y si alguien encuentra la ropa?”, “¿Qué pasaría si mi familia lo supiera?”, “¿Qué pensaría una pareja si me viera así?”. Me daba muchísima vergüenza hablar del tema.
Durante bastante tiempo pensé incluso que era la única persona del mundo que hacía algo así (lo sé, qué equivocada estaba).
Con los años empecé a leer experiencias de otras personas y eso me ayudó muchísimo. Descubrí que había gente que lo vivía de maneras completamente diferentes. Algunas personas lo hacían de vez en cuando, otras lo incorporaban más a su vida y otras descubrían que detrás había cuestiones relacionadas con su identidad.
Yo todavía no tengo todas esas respuestas.
Y tampoco creo que tenga que tenerlas.
Una de las primeras personas a las que se lo conté fue una amiga. Me costó muchísimo. Se lo dije casi como si estuviera confesando algo terrible.
Su reacción fue bastante sencilla:
“¿Y qué? Sigues siendo tú.”
Me acuerdo de esa frase porque para mí fue un antes y un después.
Poco a poco me he permitido salir de casa alguna vez vestida como me apetece. No siempre. No me siento preparada para hacerlo en cualquier situación y hay días en los que sigo teniendo inseguridades.
Pero ya no siento que tenga que esconder esa parte de mí.
Creo que eso es lo que más ha cambiado: antes sentía que tenía un secreto. Ahora siento que simplemente tengo una parte de mí que estoy aprendiendo a conocer. La historia, como ya sabéis, no acaba aquí.



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